viernes, 8 de febrero de 2013

La Mujer del Nyckelharpa y Los Antruejos de Aldeadávila

Desde la calle del Comercio llegamos hasta la triple confluencia de las calles: Hombre de palo, Nuncio Viejo y Arco de Palacio. Estamos en la Ciudad Imperial, la de Las Tres Culturas, la de la corte de Carlos I; la ciudad del Greco, de Padilla, de Fernando de Rojas, de Garcilaso


Nadi puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.

Porque la gloria de veros
>en ese punto se quita
que se piensa en mereceros.

Así que, sin conoceros,
nadi puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.
                                   Garcilaso de la Vega
Poesía Completa, Copla VIII. Colección Austral

Bajábamos por la calle Arco de Palacio en busca de la puerta del perdón de la Catedral cuando, justo antes de cruzar por debajo de un paso en lo alto, el arco que da nombre a la calle, y que comunica el palacio Arzobispal con la Catedral, nos encontramos con la mujer del nickelharpa, que sin aparente mucho tino acaricia con el arco las cuerdas de este artilugio, a la vez que con su mano izquierda pulsa las teclas.
En la ciudad de cristianos, judíos y musulmanes, la señora, sin dejar de tocar, nos presenta este instrumento de la cultura vikinga, de la cultura sueca; y con un ademán, al ver nuestra cámara, accede sutilmente a que le hagamos una foto


Fue D. Enrique Blanco, profesor del conservatorio profesional de música de Salamanca quien con este enlace Blog Instrumundo y con un comentario en el blog del coro de música de la fundación Caja Duero nos ilustró sobre este extraño instrumento del que hasta ese momento desconocíamos el nombre, la nyckelharpa, que en los países nórdicos, en concreto Suecia,  se tiene noticia de su existencia desde el año 1350. Gracias D. Enrique.
Según añade la Wikipedia, por 1930 August Bohlin hizo algunos cambios en la nyckelharpa haciéndola más parecida al violín, para más tarde, a mediados de siglo, el compositor, intérprete y constructor de nyckelharpas Eric Sahlström refinar aún más el instrumento, lo que ayudó a popularizarlo en los años 60 y 70. En esta otra foto tomada también de la wikipedia podemos ver la escultura de Eric Sahlström tocando a la limón con el artista y melómano Marco Ambrosini.


Describiendo esta vivencia toledana me vino a la memoria aquella tradición del carnaval en mi pueblo, Aldeadávila, que nos cuenta en su libro: Mi tierra las Arribes del Duero, Eusebio Ledesma. 

Precisamente en estas fechas de antruejos, pero hace 100 años, se escuchaba el acordeón del tío Rafael Madera. El acordeón junto con la flauta y el tamboril eran los instrumentos más sofisticados de las Arribes mientras que en otros lares era la nickelharpa.


Despues del acordeón, la flauta y el tamboril venía cualquier otro instrumento que hiciera ruido: castañuelas, cuernos, cencerros, matracas (carracas), panderos, tapaderas, zambombas o almireces.

Los carnavaleros o antruejeros se buscaban cada año a uno de los tonadilleros del lugar (el tío Gabino Garrido, su hermano Juan Garrido, o el tío Alejo) para que compusiesen nuevas tonadas. El viernes de Carnaval salía cada cuadrilla de carnavaleros formando una charanga para anunciar las nuevas tonadas compuestas para la ocasión que se cantarían al día siguiente, sábado de carnaval, día del estreno.

El primero es el tío Alejo,
con los calzones caídos,
el sombrero a medio lado,
y el bigote retorcido.

Hala que te quitas,
hala que te pones.
 A la ventanilla, ramito de flores.
A la palomita que va volando,
Debajo del ala lleva contrabando.

El propio tío Alejo compuso ésta que se cantaba en plan murga, comparsa o parodia por una cuadrilla de carnavaleros que recorría el pueblo con el emblema adoptado ese año bordado en la bandera y todos con los disfraces correspondientes. Los tamborileros de la época no faltaban nunca en la celebración: Antonio el Veneno y su hermano Damián.